martes, 27 de julio de 2010

Sucesos

De regreso a Buritica

Cecilia Giraldo

Antropóloga


El martes viajé con la compañía que me propuso el trabajo en Buritica, era una comisión conformada por el presidente de la empresa, un antropólogo canadiense y una Antropóloga peruana que como era peliroja se gano mi confianza de una. La idea de ellos era observarme y mi idea era observarlos, todavía me sostenía en que necesitaba más seguridades aunque ya les había entregado mi hoja de vida y había asistido a otra entrevista donde terminé aceptando esta invitación tan loca. En fin entre antropólogos nos entendemos.

En el camino me asaltó el recuerdo de una historia que creo haber contado ya. Una niña de 14 años que pierde la cordura ante el asedio sexual del padre, el maldito silencio cómplice de los vecinos y no sé si peor aún, el silencio culposo de la mamá. Tras abandonar la casa una tarde, quién sabe por qué situación límite, termina siendo el juguete de placer de todos los hombres que se divierten en una discoteca pequeña y oscura ubicada en todo el marco de la plaza, como suelen ubicarse estos negocios en todos nuestros pueblos pequeños.

Su profesor, que ya me había consultado muy preocupado porque el día de la huída -la noche anterior- ella se quedó bebiendo con varios hombres en una fonda de la vereda, vino a buscarme al restaurante para contarme lo que estaba pasando en la discoteca para que hiciéramos algo. Yo todavía no tenía suficiente información pero recuerdo que en otras visitas que hice al grupo, había advertido que algo grave le sucedía a ella, una cierta necesidad de ser escuchada pero a la vez una gran dificultad para expresarlo. Solicitamos ayuda de la policía explicando que era menor de edad y que estaba huyendo de la familia, estos la abordaron en la discoteca pero sus argumentos no lograron convencerla de abandonar el lugar y ante las miradas burlonas de los hombres que la disfrutaban se retiraron avergonzados, concluí que era un enfrentamiento desigual entre machos.

El profe y yo decidimos quedarnos allí bailando como para no desampararla, cuando ella identifica que somos la nueva y única pareja que comparte con sus compañeros de baile la penumbra del saloncito, se turba. El vallenato ha terminado y se deja invitar un momento a conversar al parque. Allí, de repente empieza a llorar muy desconsolada, con gemidos que le salen del último rincón de las entrañas como si quisiera vaciar de golpe su dolor. Tiene la camiseta del uniforme sucia y unos shorts tan cortos que la camiseta alcanza a cubrir sus bordes. Cuando por fin habla me dice que la violaron, pero no dice quien y se lanza a mis brazos pidiendo protección, nos vamos abrazadas para mi casa, decide no hablar más y toda la noche rasga una guitarra desafinada que estuvo esperando un alma adolorida colgada de un clavo al lado del baño.

Al amanecer se duerme y puedo conciliar el sueño, cuando ha clareado vuelve a despertar y me pide ropa prestada, la dejo escoger y se pone lo que más le gusta, aunque no es de su agrado está limpia, luego me dice que se va a asolear en el andén y cuando la busco para que desayunemos no la encuentro.

Me voy para la personería y relato todo lo ocurrido, cuando llego a la casa la encuentro llorando en el andén, nos quedamos juntas dejando pasar las horas en silencio mientras la inspección de policía requiere a sus padres para una audiencia con el inspector y el personero. En la tarde llega la mamá muy asustada pero lo que declara y sostiene es que ella es loca, le recuerdan sus deberes, defiende al padre diciendo que no pudo venir porque está muy ocupado y que ella se la lleva, escucha los consejos de manejo de dos funcionarios tan ausentes como desinteresados en el caso, hablan como si formularan viejas recetas. Aunque la niña permanece en silencio, con la mirada expectante nadie la interroga y peor aún, evaden la oportunidad de darle la palabra. Todo termina con una despedida de mano que la despacha con la mamá de regreso a casa; y yo; petrificada, confundida, desorientada y sobre todo muy decepcionada me voy a seguir con la programación que tenía pendiente para ese día.

El viernes mientras empacaba para regresar a Medellín, llegó el profesor a contarme que huyó de la casa apenas llegaron. Eso relató la mamá cuando fue a cancelarle la matrícula, que salió corriendo en dirección a la vía Santa Fe, me dijo él que nadie ha ido a buscarla y dicen que la vieron bajando por esas curvas serpenteantes caminando sudorosa y sola con mi ropa puesta.

No dejé de pensarla ese fin de semana, tampoco dejé de recriminarme el no haber sido más valiente antes estas dos supuestas autoridades, hora pienso que si eran unas auténticas autoridades de la impunidad. El lunes al regresar lo primero que hice fue averiguar por ella pero nadie me dio razón. Sólo el viernes el profesor me contó que había regresado el miércoles acompañada de un joven de Santa Fe que se vestía muy al estilo parcero y llevaba candongas en ambas orejas. Que se paseó por todo el caserío presentando al hombre de su vida mientras todos coincidían en que por la figura no era capaz de responder por ella, también criticaron la elección diciendo que así son las muchachas de ahora, se van detrás de cualquier pelagatos que use aretes o cachucha al revés así no tenga alientos ni para coger un zurriago perrero. Era generalizado el consenso respecto a que allá había hombres muy dispuestos a vivir con ella, refiriéndose a varios solterones rudos con capacidad de alimentar un batallón a cambio de los servicios domésticos y sexuales de una mujer joven y saludable.

Supe después que les dieron una casa para que vivieran y que en la familia le habían perdonado, ahora no recuerdo cómo llegué a la conclusión que el violador fue el mismo papá, creo que preferí olvidarlo, porque como lo digo al principio del relato la evidencia del acoso sexual del padre me llevó ante las autoridades, claro que debo reconocer que la conclusión es mía. El impacto mayor, lo que vino después fue la preocupación por el síntoma social, por ese silencio y la falta de interlocución, sólo el profesor respondía algunas preguntas aunque toqué el tema con otras personas, el profesor tenía miedo de las revelaciones que pudiera hacerme y de las implicaciones que tuvieran para él si yo sabiendo más lo retomaba.

Siempre recordé este lugar con la imagen superpuesta de esta niña, volví el martes y la busqué entre los asistentes a la reunión, no la vi pero tampoco pregunté por ella, espero que algo haya cambiado si no en la cabeza de la gente si en la de las autoridades, de hecho durante el viaje el conductor que es parte del esquema de seguridad de la empresa comentó que la mayoría de procesos que se llevan en los últimos años en Buriticá son por violación. Dijo una cifra que no recuerdo pero que si es muy significativa.